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We all hunger for love

En estos días acá hay cosas que no dejé de repetirme,

principalmente la sensación del todo y la nada.

No sé qué es.

Siento que no puedo diferenciar si estoy sintiendo o no.

Si hay mucho o no hay nada.

Sé que no puedo manejar tu percepción al leer esto, pero intentá no ponerle ninguna connotación porque justamente yo no lo estoy haciendo.

¿Cuál es mi opinión? Bueno, es raro. Quizás un poco inquietante, pero solo por el hecho de que nunca lo viví antes. Estoy bien, lo estoy descubriendo.

Escribiendo muchas cosas que a simple vista pensé que no había forma de hilar, me di cuenta de que en realidad tienen mucha relación. Hablan mucho de esto nuevo que estoy experimentando.

¿Qué pasa cuando la fuente de inspiración deja de estar afuera y todavía no aprendí a encontrarla adentro?

Creo que estoy buscando entender qué lugar ocupa el amor —o más específicamente la conexión— en mi forma de sentirirme viva.

Creo que es una de mis grandes fuentes y motores.

Durante años escribí desde el amor, el desamor, la ilusión o la nostalgia. Siempre había alguien que encendía algo. Una conversación, una mirada, una conexión.

Y de repente todo tenía más color.

¿Por qué algunas personas tienen el poder de volver el mundo más brillante?

Estos días me encontré extrañando eso.

No necesariamente a alguien.

Sino la versión de mí que aparece cuando algo me conmueve profundamente.

La que escribe más.

La que siente más.

La que encuentra significado en todas partes.

En mi vida tuve momentos de muchísimo placer y muchísimo amor hacia el todo, en soledad. Increíble o no, no creo que sea algo complicadísimo ni extraordinario.

Es algo que se lo recomiendo a cualquiera que pueda vivirlo con esa intensidad.

Uno de mis tantos recuerdos de serotonina es una noche de verano volviendo a mi casa en bicicleta por las calles de mi barrio. Algunas con poca luz, mucho silencio. Escuchando música con auriculares, viendo el cielo oscuro, las copas de los árboles... la cantidad absurda de árboles distintos que existen, sintiendo el viento.

Y sentirme tan plena, tan feliz.

Momentos en los que pensé: ¿qué más puedo necesitar si experiencias tan básicas pueden hacerme sentir esto?

Tanto que me voy riendo sola. Estaré loca? No lo sabemos.. jaja.

Pero quiero vivir siempre así porque siento que, si algún día dejo de sentir de esta forma, me voy a deprimir.

Tampoco digo que todos los días de mi vida sean así. Creo que hay factores que me ayudan a entrar en ese estado. Como persona muy sensorial que soy, la música, la corporalidad y lo visual son claves.

Sin embargo, aunque algunos momentos de placer los he buscado, la mayoría no. Y los que he buscado debo reconocer que muchas veces fueron con un porrito en mano.

Estando acá, rodeada de tanto placer visual, no entiendo por qué todavía no puedo experimentar esa sensación de éxtasis.

Nunca sentí la necesidad de que llegara porque generalmente aparecía sola.

Y eso me hace preguntarme si quizás quiero distraerme de alguna forma. O si quiero huir del silencio que hoy ocupa mi ser.

Quizás estoy atravesando algún tipo de desintoxicación.

Quizás todo esto invita a parar un segundo con las distracciones y escucharme en serio.

Verme de frente.

No como siempre lo hice, con todas mis comodidades y placeres al alcance de la mano.

De momento Queenstown no es la protagonista.

No es mi inspiración.

Pero sé que en algún momento lo va a ser porque tiene muchísimo para ofrecerme.

Todavía me queda tiempo acá...

Pero por ahora la protagonista parece ser otra cosa.

Reflexiono sobre la posibilidad de que tenga que aprender a inspirarme en mí misma.

Siempre había algo externo. Algo o alguien que hacía que las palabras salieran fácilmente porque había demasiado por expresar y no tenía que hacer ningún esfuerzo interno.

Ahora la historia es otra.

Ya no voy a hablar de cuánto duelé o sigo duelando ciertas idealizaciones y ciertas personas.

Ahora ya no tengo mi éxtasis al alcance de la mano.

O por alguna razón hay una pausa.

No reconozco ninguna emoción lo suficientemente fuerte como para sacar mi lado creativo.

O simplemente no la veo.

Porque todo parece indicarme que necesito mirarme hacia adentro, profundo y sin excusas.

A veces extraño ciertas versiones de mí.

Y me hace pensar si la nostalgia está dirigida hacia una persona o hacia un estado interno.

Porque hubo una época en la que simplemente amaba amar.

Y eso me hacía sentir viva.

Quizás estoy intentando descubrir si el amor que busco en otros es, en parte, una puerta hacia una versión de mí misma que extraño.

Quizás por eso todo esto se siente tan extraño.

Como si estuviera acostumbrada a escribir desde la tormenta y ahora me tocara aprender a escribir desde la niebla.

Y la niebla es mucho más complicada porque no tiene forma.

Necesito más tiempo para interpretar todo esto.

Puede que uno de los muchos aprendizajes sea dejar de buscar una emoción que me rescate y aprender a habitar el espacio vacío sin llenarlo inmediatamente.

O sin querer huir constantemente.

¿Cómo puedo hablar sobre algo que todavía no sé qué es?

No lo sé.

Pero lo intento todos los días porque realmente lo necesito.



Aire - Churupaca

Te llaman - Lucas Heredia

Armonia - TOCH

Todavía - Ainda

El gigante - Juana Aguirre

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