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Conversaciones conmigo misma

De primera instancia, lo que se me ocurre es que todos somos un poquito de todos.

Tanto lo que tomo como lo que no… ¿tiene sentido?

No creo llegar a ser muy buena expresándome, pero voy a hacer el intento.

Este último tiempo estuve más observadora que nunca. La verdad no sé si eso es una característica positiva. Estoy empezando a pensar que no, aunque me siento tan cómoda así.

En fin, el año pasado fue transformador. Creo que venía hace muchos años durmiendo.

No soy muy amiga de los cambios, aunque sé que son necesarios.

Prefería bancar las incomodidades de mi interior viviendo las comodidades del exterior.

Desde hace ya varios años tengo la creencia de que las cosas pasan por algo, por más negada que esté al comienzo. Y calculo que con las personas es igual, no es casualidad.

Por mucho tiempo ignoré el gran aprendizaje que me da la gente. Creo que porque ni siquiera me interesaba conocer gente nueva. Siempre fui muy agradecida de tener mi vínculo cercano con aquellos con los que tengo una gran conexión, con quienes puedo pasarla bien y sincerarme. Ellos siempre me dieron ese intercambio nutritivo cuando lo necesité.

Cuando necesariamente tuve que salir de mi zona de confort, me abrí. Con el gran desafío de aceptar que yo también estaba en el juego de la vida. Empecé a escuchar y compartir con gente que no vibraba conmigo y con gente que sí. Pude ampliar mi visión sin juzgar.

Quizás no es nada fuera de lo normal lo que comento, pero para mí es importante.

Pensé que yo podía descubrirme sola, pero no: la gente me ayuda a descubrirme.

Y no es que no supiera quién soy; solo creo que estamos en constante evolución y, cuando nos permitimos abrirnos estando conscientes, podemos nutrirnos una banda.

Incluso cuando no tenía desde un comienzo la intención de buscar nada.

No hay que evadir lo que la vida quiere mostrarnos.

Aunque a veces me arrepiento de no haber actuado más rápido, de no haber despertado antes para ahorrarme algunas cosas, creo que simplemente tengo que respetar y aceptar mi propio proceso. Tenía que conocer a la gente que conocí, tener los vínculos y las relaciones que tuve para saber qué quiero y qué no. Para conocerme y saber qué patrones repito, por qué lo hago y por qué elijo a los que elijo.

Quizás es raro para mí porque hace un par de años las cosas eran siempre iguales: pasaba el tiempo, pero nada parecía cambiar. Y ahora estoy rompiendo con esas viejas versiones, tratando de animarme a cosas que solo existían en mi cabeza. Que deseaba y deseo tanto, pero que dan miedo. Obvio que dan miedo… es algo nuevo para mí y, como dije antes, no soy muy amiga de los cambios. Desde el año pasado los cambios me dieron miles de golpes, pero creo que la vida me estaba “entrenando”, porque nunca iba a animarme a dar un gran salto sin antes romper con mi caja de cristal.

Después de tantos años no voy a decir que no me duele pensar que mi realidad desaparece, cambia, se transforma.

Ahora toca seguir evolucionando, conocerme fuera de mi círculo, acompañada por mí misma y por quien la vida quiera poner en mi camino.

Me dijeron algo así como que los curiosos somos afortunados…

Me voy a la aventura, saliendo del Show de Truman.

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